Para comenzar, atrevámonos a hacer una aproximación a la definición de
los conceptos, así:
Diferir:
Diferenciar. Hallar diferencia de algo con respecto a algo.
Disentir:
ser distinto, pero ya no con respecto a las cualidades de los objetos en sí,
sino con respecto a mis apreciaciones (intelectuales
y emocionales) de los objetos.
Lo
objetivo y lo subjetivo puestos en la escena
social y política del hombre. Podemos
estar apreciando las mismas cosas, los mismos hechos y ser afectados por ellos de una manera distinta. Es acá en donde aparece la
visión personal de los sucesos, vista desde la propia experiencia, sensación o
pensamiento.
He ahí la gran diferencia: para algunos, las
situaciones pueden resultar ser muy importantes. Para otros, indiferentes.
Recordemos que estamos hablando de los mismos hechos en un momento cualquiera.
Ejemplo: esta conversación que iniciamos
acerca de la diferencia y el disenso. Para algunos estudiantes, ¡qué tontería!
Pero, para otros, de suma apreciación. Es como en la naturaleza, tan variada,
distinta ella, pero también tan distinta las apreciaciones de los hombres con
respecto a la misma. Por esa razón, es que algunos hombres la encuentran como
una oportunidad de realizar sus objetivos y otros, en cambio, como una
incomodidad.
Somos
distintos y variados, contribuyendo el medio
(ambiente) para ello. Pero iguales y
únicos como género, compartiendo con los demás seres, un mismo espacio y
oportunidad de vida: unidad y diversidad
en la simultaneidad.
Hoy, al encontrarnos reflexionando de algo
tan aparentemente obvio, nos damos cuenta que hemos venido siendo objeto de una
serie indiscriminada de ideas diferenciadoras acerca de lo que nos interesa: nuestra vida en sociedad. Y es así, que
hoy nuestras calles se encuentran como
vigiladas y defendidas por unos grupos de una u otra ideología, impidiendo el
paso de las ideas liberalizadoras de la miseria y segregación, incitadas por
los dominantes de turno a quienes sólo le interesan la división y el odio
indiscriminado, sin razón, porque el odio y la segregación no tienen
explicación lógica de racionalidad humana, mucho más cuando se trata de seres,
que cuando pequeños, jugábamos al “turro”,
a la “Chucha”, a los “caramelos, a las “bolas”, o a cualquier juego de
cualquier denominación actual o futura, que nos identificaba y nos igualaba en
el goce cotidiano infantil y adolescente, hoy separado por “combos” o “ partidos” o “iglesias”,
enemistando nuestro lazos comunes de antaño y de siempre, en el simple juego de
“divide y dominarás”.
¿Quién(es)
quiere(n) que nos sintamos diferentes? ¿Quién(es) quiere(n) que pensemos
distinto en la forma de asumir y resolver nuestros problemas comunes?
¿A
quién(es) le(s) interesa nuestra propio enfrentamiento, aunque vivamos en la
misma vecindad?
Cuando hablemos de diferencia y disentimiento, tendremos que hablar de los múltiples
caminos para solucionar los mismos problemas y con una misma capacidad puesta a
prueba para elaborar el consenso, el
acuerdo; que no puedan dividirnos,
que no puedan exigirnos caminos
contrarios y enfrentados, sino caminos continuos y múltiples de diversas formas
de contribuir a una sociedad más justa y equilibrada.
Que la diferencia no sea la diferencia de
nosotros mismos, sino la diferencia para alcanzar nuestros propios objetivos,
todos por una sociedad justa en donde todos somos personas optantes de
felicidad.
El
disenso, el pensar distinto, no es para igualarnos en la idiotez y atontamiento, sino en el
enriquecimiento humano de todo orden como producto de la diversidad, variedad y
variabilidad de la naturaleza, a la cual también pertenecemos, y a la cual
debemos respeto y responsabilidad nuestra.
Que todos somos sujetos de “derechos
iguales e inalienables”, por nuestra propia condición de hombres, “sin
distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de
cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento
o cualquier otra condición.”
(Declaración de los Derechos Humanos)
O, como reza en su Artículo 1 de la
misma Declaración de los Derechos
Humanos por la ONU, en 1948: “Todos los
seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como
están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los
otros.”
Es por esto pues, que al hablar de diferencia y disenso, estamos hablando
de la posibilidad de un mundo abierto a todos los hombres, aunque de un
proceder y origen distinto, de un pensar y actuar diferente, encaminados a la construcción de un mundo viable en donde todas las personas tengan la opción de
realizarse dignamente, propugnando por
un desarrollo que le permita vivir en la plenitud de su condición humana, evitando el enfrentamiento
fratricida bajo cualquier pretexto de
cualquier índole, con particulares intereses individuales o grupales.
Diferir y disentir Sí, pero en la búsqueda y encuentro de nuestra propia identidad y
realización de metas y aspiraciones sociales, en pos de nuestra sociedad
ejemplo de Desarrollo Humano, como Meta y Norte, y no de una sociedad dividida bajo otros supuestos
equívocos, a los cuales algunos hombres le apuestan locamente.
Es en la
unión de nuestras manos, corazones y
mentes en donde encontraremos la respuesta adecuada y necesaria de una verdadera vida
puesta al servicio del otro: de mi hermano, de mi amigo, vecino, conocido o no,
pero, humano. Es desde la comprensión de los actos humanos, que iremos
construyendo una Colombia más acorde a nuestros propósitos y a los anhelos de nuestros hijos, a quienes y por
ellos, les brindamos nuestro sacrificio y trabajo, queriendo que ellos nos
ayuden también en el mantenimiento de la armonía social.
Sea pues una bienvenida de júbilo y amor y
entusiasmo, por la nueva mirada a todo lo que a nuestro alrededor nos acompaña:
mirada
de mano tendida y puño firme en la confianza de un futuro mejor.
Que seamos amigos. Que seamos hermanos. Que
seamos compañeros y que siempre nos respetemos el uno con el otro, sin dejarnos
engañar por las palabras que nos separan de los momentos más felices de nuestra
vida, siendo el barrio, nuestro barrio, aquel lugar casi sagrado, ¡Y por qué no,
sagrado!, en donde todos construimos país y sociedad, siendo la escuela,
nuestra escuela, ese lugar privilegiado
donde nos miramos, escuchamos, tocamos y experimentamos el gran goce del
aprender a… ser humanos.
ACTIVIDAD: Elaborar un escrito corto, pero diciente, acerca
del tema tratado: la diferencia y el
disenso, desde lo ético y lo político.
NOTA: plazo máximo de entrega, septiembre 29